Cuando algo empieza, se da vuelta el reloj de arena. Un reloj muy extraño, porque no te deja ver cuanto tiempo le queda, pero uno siempre sabe de antemano que solo cabe una determinada cantidad de arena. Es difícil aceptar que esta se termina. Como todo en la vida, como la vida misma, se termina (así como todo lo que empieza). El truco no esta en lamentarse cuando el reloj se detiene, sino en alegrarse de que el reloj sigue entero: que ya corrió toda la arena que tenía que correr. Es poder ver todos los momentos ya pasados y tomarlos como parte de un libro, que hoy... finaliza un capítulo. Un teatro que por hoy, apaga sus luces, cierra el telón, en espera de una nueva función...Y pensando que puede ser que esa función se vuelva a repetir y si no es así...Bienvenida a la nueva función que en cualquier momento vuelve a comenzar.
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